Prólogo
Como cada año, tras acabar el mes de agosto, llega el temido septiembre.
Vuelta a la realidad, vuelta a la rutina. Recta final del año, un último empujón para cumplir con tus propósitos de principios de año o, por qué no, fijar unos nuevos y más realistas ahora que queda poco y aún te quedan 20 libros por leer, 2 idiomas que aprender y 6 abdominales que definir.
Yo la verdad es que no he sido nunca de fijarme objetivos de año nuevo, siempre he vivido un poco al día. Este año no ha sido diferente, pero ahora que llega septiembre me apetece hacer algo diferente, obligarme a hacer algo más en el día a día que simplemente consumir contenido de otros. No porque quiera que me lean, sino por el mero hecho de dedicarme un tiempo a pensar. A sacar de mi cabeza ideas que muchas veces no comparto simplemente porque no hay nadie cerca y acaban por desaparecer como lágrimas en la lluvia.
Mi meta es escribir en este espacio a diario, un único post, entre 100 y 500 palabras. Insisto, sin mayor pretensión que dedicarme unos minutos a pensar. El mundo se ha acelerado mucho en 2026, la IA nos ha traído una hiperproductividad y unos tiempos de entrega totalmente salvajes. Es difícil no sentirte perdido, o desactualizado, o simplemente improductivo en este contexto (sí, aunque hagamos más, parece que hacemos menos).
La idea, por cierto, tampoco es mía: se la copié a alguien en LinkedIn. Echadle un ojo, porque su contenido es muy interesante.